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Mercedes 230 E
Hasta hace unos años, Mercedes era el distintivo de una clase social privilegiada. Para la mayoría de sus propietarios poco importaba lo que se alojase bajo el capó, con tal que éste ostentase en su frente la estrella. Hoy las cosas han cambiado, y aunque su adquisición sigue estando limitada a los más pudientes, ya todos saben que la estrella es más que un símbolo, bajo ella se encuentran los mejores automóviles del mundo.
Mercedes, como marca fabricante de automóviles, está a punto de cumplir 100 años. Desde sus orígenes en 1886, hasta nuestros días, muchos son los modelos que la firma alemana ha lanzado a las carreteras de todo el mundo, y todos han contribuido a cimentar una reputación justa y bien merecida, que la sitúa en un altísimo nivel de calidad y tecnología al que pocos automóviles pueden siquiera acercarse.
En proporción al número de unidades fabricadas al año, Mercedes-Benz es la firma que más dinero invierte en investigación y desarrollo. Esto tal vez explique la distancia en tiempo que existe entre la aparición de un nuevo modelo y otro, y el hecho de que, cuando finalmente aparece, su éxito esté garantizado.
Tal es el caso de la nueva serie denominada en el argot de la casa W 124, y que no es otra cosa sino la gama de berlinas que van desde el 200 Diesel hasta el 300 E de gasolina, con todos los modelos intermedios. La gestación de esta nueva serie comenzó, nada menos, que en 1977, pero no fue hasta 1979 cuando las ideas estaban totalmente clarificadas y comenzó el largo proceso que conlleva el nacimiento de un automóvil. Hoy, en 1985, los W 124 ruedan por los cinco continentes, manteniendo una línea de absoluta continuidad en el estilo y personalidad de la estrella.
Poco importa que el modelo tenga 20 años ó 20 días, aún prescindiendo de sus señas externas de identidad no tendríamos ningún problema para identificar su cuna, y éste es un detalle que caracteriza la fidelidad de la marca hacia sus productos, al mismo tiempo que su clientela sabe agradecer y valorar la política de continuidad, alejada de diseños futuristas y revolucionarios.
La elección para el análisis de este mes ha recaído sobre un modelo intermedio de cuantos componen la serie, el 230 E que, al igual que sus restantes hermanos, ofrecen a primera vista una línea de carrocería compacta y robusta que puede llevarnos al engaño al intentar calcular su peso, cifrándolo muy por encima de su valor real que es de 1.230 kilos en orden de marcha. Esto supone una rebaja de peso de 140 kilos menos que su antecesor, de los que 20 kilos se han arañado de lo que es puramente carrocería, cifra nada desdeñable si consideramos la importancia que se da en Mercedes a la seguridad pasiva, y al hecho de que se ha incrementado aún más sobre el anterior 230 E, mejorando el conjunto de largueros y travesaños, aumentando la resistencia contra choques laterales y vuelcos, así como la capacidad de absorción de energía en las zonas de elevada deformación.
La sobriedad, por otra parte, sigue siendo la nota clásica de estos automóviles que huyen de los diseños «espectaculares», que si bien en un primer momento destacan so? bre el resto, posteriormente, sufren un proceso de envejecimiento mucho más rápido. Por el contrario, la aerodinámica ha sido cuidada al máximo ofreciendo valores de penetración en el aire de 0,29 a 0,30, lo que añadido al menor peso contribuyen a mejorar la aceleración y la velocidad punta con importantes recortes en el consumo de carburante.
El frontal ofrece una imagen inconfundible gracias a la rejilla.del radiador, si bien la forma y el diseño de sus grupos ópticos son de nuevo diseño, aunque es en su zaga donde se deja notar con más claridad las nuevas tendencias llamadas a conjugar la estética con la aerodinámica y la funcionalidad del cofre-maletero, dotando a los W 124 de una personalidad aún más acusada, a imagen de los «pequeños» 190.
SOBRIO Y AUSTERO
Lo que tampoco parece variar con el paso del tiempo son los interiores Mercedes. Aunque los precios actuales de los materiales nobles ha obligado a los diseñadores a plantearse nuevas alternativas restringiendo el uso de la madera y el cuero, los habitáculos, y más concretamente los salpicaderos y cuadros de instrumentos, siguen prestando la imagen de sobriedad a que nos tienen acostumbrados desde hace años. Los asientos siguen fieles a sus tradicionales diseños, mantienen esa dureza característica que no resulta, ni mucho menos, incómoda y que se agradece en los viajes largos. El tejido de la tapicería es otro cantar, y sin dudar de su calidad, si nos parece poco agradable al tacto, aunque es la única pega que se les puede poner. La posición de conducción está garantizada con los reglajes que posee el asiento del conductor, que incluye el de altura, muy útil puesto que el volante es fijo y no ofrece posibilidades de regulación, y como novedad, la inclinación de la banqueta a través de una ruedecilla situada en la parte exterior del asiento.
Una peculiaridad más de Mercedes consiste en la parca información que el coche facilita a su conductor, limitándose al cuentakilómetros y cuentavueltas, temperatura del agua del radiador, presión de aceite y aforador de gasolina y nada más si exceptuamos el reloj horario y un su-perfluo económe-tro de dudosa eficacia. El resto de la información es facilitada a través de testigos luminosos. Sorprende el contraste al ver que, mientras el resto de fabricantes ponen al servicio del automovilista todo lo disponible en electrónica (ordenadores de a bordo, selectores de velocidad, sin-tetizadores de voz, etc.), Mercedes se mantiene al margen, pecando un poco de austeridad en la instrumentación de los modelos.
Los sistemas de climatización proporcionan todo el confort necesario, tanto en verano como en invierno, merced a las distintas posibilidades del aire acondicionado y de la calefacción que pueden regularse electrónicamente a voluntad, e indistintamente para el conductor y el acompañante. En este apartado la calificación es de notable alto. Todo ello, unido a una perfecta insonorización del habitáculo, una gran superficie acristalada y una suspensión comodísima a prueba de todo y de la que hablaremos más adelante con mayor detenimiento, convierten al 230 E en un vehículo de excepcionales cualidades ruteras, rodeado de pequeños detalles que le hacen más agradable, si cabe. Nos referimos a los apoyaca-bezas traseros abatibles automáticamente desde una tecla situada en el salpicadero, a los cinturones de seguridad delanteros con altura regulable, apoyabrazos acolchados tanto en los asientos traseros como en los delanteros, etc.
Llegamos al auténtico corazón de todo automóvil: el motor. La unidad sometida a análisis se equipa con el que da nombre a la versión, puesto que su desplazamiento es de 2.299 c.c.
Se trata del mismo que utilizará el anterior 230 de la serie 123, sobre el que se han realizado algunas modificaciones para actualizarlo y perfeccionarlo de cara a sus nuevos propietarios, puesto que este motor también se monta en el 190 E en su versión «tope» de 16 válvulas.
Para reducir el peso en lo posible, se ha dispuesto bielas de forma más estrecha, guiadas en los pistones. Los balancines cuentan con elementos hidráulicos compensadores del juego en las válvulas, que eliminan los reglajes. También son novedad el filtro de aire accesible desde arriba, y el cartucho del filtro de aceite que va enroscado sobre el fondo del filtro, debiendo renovarse completo cada vez que se cambia el lubricante. El resto de los elementos mecánicos son idénticos a los del motor 2.3 de la serie anterior.
La alimentación se ha encomendado a una inyección de mando mecánico electrónico KE-Jetronic de Bosch, idéntica, en sus componentes principales a la del motor de 2 litros del modelo 190 E. Con las funciones correctoras reguladas electrónicamente, se complementan las ventajas que ofrece el sistema básico mecánico con medición del caudal de aire. Esto se logra mediante un elemento de ajuste electrohidráulico, que convierte los impulsos eléctricos en una modificación del caudal de inyección. Las principales funciones que desempeña, a semejanza de otros sistemas de inyección son: regulación del llenado en ralen-tí, enriquecimiento en la fase de calentamiento, enriquecimiento de plena carga y corte de la alimentación en las desaceleraciones.
Así, de su motor de cuatro cilindros en línea, árbol de levas en cabeza y una compresión de 9,0:1, se obtienen 136 CV. a 5.100 r.p.m. y un par máximo de 20,9 mkg. a 3.500 r.p.m. que le permiten alcanzar los 203 km/h. de velocidad máxima. La misma velocidad punta se obtiene indistintamente con la caja de cuatro velocidades o la de cinco, si bien en ésta última, caso concreto de la unidad probada, los 203 km/h. se logran en cuarta, quedando la quinta como una marcha super económica, tan típica de los automóviles alemanes en los que los desarrollos no terminan de adaptarse a una orografía tan irregular como la de nuestro país. Es necesario explicar que, al igual que otras muchas cosas, el cambio de cinco marchas es opcional en el modelo 230 E. Su funcionamiento y manejo es impecable, con un sistema de reenvío que hace que las velocidades entren solas sin la menor dificultad.
En cuanto al embrague, es un monodisco seco de accionamiento hidráulico y reajuste automático con un diámetro de 228 mm. y forros de discos construidos de un material sin amianto. El cuerpo del cilindro transmisor es de aleación, mientras que el receptor es de fundición.
La transmisión se realiza a través de un árbol de dos piezas que no necesita mantenimiento, con un cojinete intermedio y una articulación de cruceta, unido al cambio mediante juntas universales flexibles. La junta utilizada en el lado del cambio es elástica a la torsión; la del lado del eje es rígida. Un antivibrador en la parte delantera del árbol de transmisión aumenta adicionalmente el confort de marcha.
Para ello, se han dispuesto en el tren delantero suspensiones independientes con muelles-helicoidales, amortiguadores de gas, patas telescópicas con brazos transversales triangulares, y estabili-zadoras por barra de torsión. Con esta disposición, no sólo se consigue un elevado ahorro de espacio, sino que el peso se ha visto reducido en la mayor medida posible. La estabilidad en la frenada también está garantizada, eliminándose los movimientos del vehículo alrededor de su eje transversal al frenar. Silent-blocs de gran tamaño en la pata telescópica y en el brazo triangular transversal evitan la transmisión de ruidos de rodadura y de vibraciones procedentes de los ejes a la carrocería, asegurando el máximo confort a los pasajeros.
Por su parte, el eje posterior presenta una suspensión independiente de muelles helicoidales y amortiguadores de gas, con estábilizadora y cinco brazos múltiples por rueda que unen, mediante silent-block, el cuerpo portante del eje con el portarruedas. Las ventajas de tan singular geometría son numerosas, comenzando por una modificación insignificante de la caída y la convergencia en todo el recorrido de los elementos de la suspensión; comportamien-* to de la dirección en curvas absolutamente neutral logrando una estabilidad extraordinaria, tanto en curvas como en marcha rectilínea, y por último, se logran unas reacciones imperceptibles al cambiar de carga.
Con este revolucionario sistema se puede tratar el movimiento elástico paralelo de las ruedas, casi completamente, por separado de los movimientos elásticos de dirección y de forma independiente en cada caso de las fuerzas de conducción lateral, de frenado y de propulsión, optimizando por una parte el confort y por otra la estabilidad en carretera, independientemente el uno de la otra.
Esto se hace posible situando el apoyo elástico efectivo directamente frente a la fuerza respeciva atacante, por medio de la disposición especial de los cinco brazos y la elección de las elasticidades de los cojinetes, para todas las fuerzas que entran en acción. La teoría sobre el papel, y aún más sobre el mismo vehículo, no resulta fácil de explicar, lo que no es obstáculo para reconocer las bondades del sistema, convirtiéndole en el más avanzado y eficaz de cuántos se incorporan actualmente en la producción mundial, por lo que no pasará mucho tiempo para que empecemos a ver mecanismos iguales o similares montados sobre vehículos de otras marcas.
La sensación frente al volante sigue siendo la de estar sentado en un camión; pese a los 10jjrim. en que se ha vis-toTeducido su diámetro aún mantiene un tamaño excesivo. Para girar los 11,2 metros de diámetro del círculo de viraje se precisan tres vueltas de volante de tope a tope, y opcionalmente puede montarse una columna de dirección regulable eléctricamente en sentido longitudinal.
Si comentábamos las excelencias de la suspensión, no podemos olvidarnos en las alabanzas de un capítulo tan cuidado por Mercedes como es el de los frenos. Para empezar, las cuatro ruedas cuentan con disco, Mordaza flotante de émbolo único en el eje delantero, y mordazas fijas en el trasero, con diámetros de disco de 284 mm. delante y 258 detrás. Como ya es habitual en las series actuales, los discos de freno delanteros pueden sustituirse sin necesidad de desmontar los cojinetes. El servofreno de depresión de 10” es de construcción ligera. El cilindro principal escalonado es de aleación y en parte, está introducido en el servo, haciendo posible una construcción que ahorra espacio. La carrera reducida en vacío, dentro del servofreno, hace que los mismos reaccionen de forma impecable, contribuyendo de forma decisiva a crear esa sensación de seguridad que se percibe al conducir cualquier Mercedes. Tanto más si, como en el caso concreto de la unidad probada, cuenta con la inestimable ayuda del sistema opcional antibloqueo de origen Bosch, A.B.S., y sobre el que no vamos a insistir puesto que su cómo y por qué quedó sobradamente explicado en el número 166 de AUTOMECANICA.
Concluyendo, el Mercedes 230 E de la nueva serie 124 es un modelo más de los muchos que hacen honor a la marca. Sin grandes alardes en prestaciones, sin olvidar que supera los 200 km/h., monta uno de los motores «pequeños» en cilindrada y en número de cilindros, aunque capaz, a todas luces, de cumplir con su cometido de hacer viajar a su dueño a buena marcha, con un confort notable gracias a sus sistemas de suspensión, y a una excepcional seguridad activa y pasiva en la que contribuyen todos y cada uno de los órganos que forman un Mercedes. · Texto: A. Sánchez (AUTOMECANICA nº 188, Noviembre 1985)
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