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Rover Lunar

 

 

Información complementaria:

 

Rover Lunar, manual del usuario (39 MB)

 

 

 

El programa Apolo alcanzó su objetivo cuando en julio de 1969 el Eagle, módulo lunar del Apolo 1, alunizó en el yermo Mar de la Tranquilidad y al cabo de unas horas Nekl Armstrong y Edwin Aldrin ponían pie en la superficie de la Luna.

 

Otras cinco misiones siguieron a esta hazaña y el programa concluyó en diciembre de 1972 cuando el Apolo 17 con Eugene Gernan y Harrison Schmitt volaba de regreso a la Tierra. Había concluido la primera fase de la exploración lunar y los conocimientos de la Humanidad , respecto a la Luna , habían aumentado increíblemente. las tres últimas misiones fueron las más valiosas desde el punto de vista científico, fundamentalmente gracias a los LRV o Lunar Roving Vehicles, Vehículos Itinerantes Lunares, que permitieron a los astronautas recorrer notables distancias mientras que los pioneros del Apolo 11 y 12 tuvieron que realizar a pie sus EVAS (Actividades Extra-vehiculares) y Shepard y Mitchell, del Apolo 14, tuvieron que trasladar su instrumental en un “carro”.


 

COCHE DE 19 MILLONES DE DOLARES

 

El diseño del Rover Lunar es, sin duda, uno de los más excepcionales y uno de los más caros. Ya en octubre de 1969, el Marshall Space Flight Center firmó un contrato de 19 millones de dólares con la compañía Boeing, Grupo Aerospacial de Huntsville, Alabama, para el desarrollo y entrega de cuatro vehículos, aunque en realidad, a la Luna sólo fueron tres. Los construyó la división Delco Electronics de la General Motors , principal subcontratista de Boeing. El diseño definitivo no era muy distinto al de la propuesta original y los tres Rover fueron realmente un éxito. Volaron con los Apolo 15 (julio de 1971, 16 de abril de 1972 y 17 de diciembre de 1972).

 

 

 

Los Rover Lunar no fueron diseñados para operar en la superficie terrestre y no habrían podido hacerlo. La masa de la Tierra es 81 veces mayor que la de la Luna , cuya gravedad en la superficie es igual a la sexta parte de la que existe en nuestro planeta y, por consiguiente, todo pesa menos. Según los parámetros terrestres, los Rover Lunar parecen muy endebles: el peso en la tierra del Rover del Apolo 17 era de 209 kg . aunque se le podía cargar (y así se hizo) un peso suplementario de 454 kg . en repetidas ocasiones, consistente en dos astronautas con 181 kg , cada uno, 100 de instrumental y 28 de muestras, lo que hacía un total de 698 kg. que en la superficie de la Luna correspondía a unos 116 kg.


 

LAS RUEDAS DE ALAMBRE DEL ROVER

 

Las ruedas eran el principal factor del éxito del Rover. Llevaba cuatro, consistentes en un cubo de aluminio torneado, con una llanta interna denominada parachoques, de modo que, aunque el Rover tropezase con un obstáculo durante la marcha, prácticamente a máxima velocidad, no sufriera daño la rueda, que sólo se deformaría hasta esta llanta de seguridad y así no acusaría una alteración definitiva del perfil. El “neumático” era de alambre galvanizado. Las ruedas tenían un diámetro de 81 cm , pero al aguantar el peso total del Rover en la superficie lunar, aquél se reducía a 65 cm .

 

 

 

Cada rueda iba accionada por un motor eléctrico independiente con un orden escalonado de marcha muy preciso para evitar la penetración de polvo lunar, precaución que resultó muy acertada, porque el problema del polvo fue más grave de lo que se creyó en principio. Las unidades propulsoras iban montadas en la cara interna de los cubos y estaban diseñadas para permitir la operación a temperaturas extremas de +- 250 grados Fahrenheit (121 grados centígrados). El vehículo disponía de un sistema de emergencia, gracias al cual si fallaban los motores de dos ruedas, se los habría podido desconectar y dejar las ruedas libres para proseguir el viaje. No sucedió en ninguna de las tres misiones en que se emplearon los Rover; pero, desde luego, una avería cuando los astronautas se hallaban lejos del módulo habría sido de graves consecuencias.

 

La vieja teoría de fuertes tormentas de polvo en la Luna ya había sido refutada, mucho antes de que el primer hombre pusiera el pie en ella; pero, su superficie es indudablemente áspera. Nadie ha mejorado la descripción de Edwin Aldrin de “impresionante desolación”. Los Rover estaban diseñados para superar obstáculos de hasta 30 cm , y para cruzar grietas de 76 cm ; los amortiguadores del vehículo lunar tenían que trabajar más que los de un coche terrestre porque existe allí menos gravedad que lo mantenga pegado a la superficie. Además, se calentaban muchísimo debido a la falta de aire refrigerador. Se emplearon aceites especiales de silicona para soportar las extremas temperaturas.

 

El Rover Lunar podía, además, subir y bajar gradientes de 20 grados y el freno de mano era capaz de sujetarlo en cualquier pendiente inferior a 30 grados. A plena carga, la distancia al suelo era de 35 cm , previsión que resultó adecuada, pues en ningún momento “rozó” con la superficie.

 

El vehículo disponía de dos sistemas completos de baterías de plata-zinc para su alimentación, cada una de las cuales habría bastado por sí sola. Eran unidades no recargables a base de células de plexiglás con placas de plata-zinc en electrolito de hidróxido de potasio. Cada batería constaba de 32 células dentro de una caja de magnesio, y pesaba 27 kg . Los instrumentos del tablero del Rover, denominadas “integradores amperio hora” desempeñaban una función contable, controlando la cantidad total de corriente salida de las baterías, cada una de las cuales estaba diseñada para suministrar 115 amperios-hora.


 

DIRECCION A LAS CUATRO RUEDAS

 

El vehículo llevaba dirección en las ruedas delanteras y en las traseras utilizando una geometría Ackermann modificada, que impide que las ruedas derrapen girando la rueda interna un mayor ángulo que la externa. Cada juego (delantero y trasero) podría desconectarse en caso de avería para situarlo en posición de marcha al frente. Para frenado del Rover, cada unidad propulsora iba equipada con un disco dirigido por cable. El control manual desactiva los motores y actuaba sobre las pastillas de freno del mismo modo que las de un coche normal.

 

 

 

La suspensión constaba de pares de brazos triangulares entre el chasis y los propulsores. Las cargas se transmitían a través de cada brazo, a su propia barra de torsión; y el recorrido vertical estaba limitado por un amortiguador situado entre el chasis y cada uno de los brazos superiores de suspensión.

 

El Rover poseía varios subsistemas principales. Uno de ellos, para la estiba y el despliegue ; otro, para la movilidad: es decir, ruedas, suspensión, motores y controles; un tercero, para la alimentación, incluidas las baterías eléctricas principales, y otras para la cabina de tripulantes y las ayudas de navegación.

 

Transportar el Rover a la Luna , en un módulo lunar no precisamente espacioso, fue un gran problema. Hubo que plegarlo para estibarlo hasta obtener una dimensión de 122 x 183 cm y desplegarlo a la llegada. La operación era, fundamentalmente, automática y podía realizarla un astronauta de pie en la escalerilla entre el módulo y la superficie, con simplemente accionar una serie de anillas D. El primer paso consistía en soltar los muelles de retención del vehículo en su compartimento de estiba y hacerlo girar 45 grados. A continuación, se desplegaba la sección trasera para que las ruedas cayesen hacia abajo y quedasen automáticamente fijas en su posición. Luego, se bajaba el Rover y se apartaba del Módulo, tras lo cual la sección trasera descendía hasta la superficie lunar para que las ruedas delanteras pudiesen bajar hasta su posición. Finalmente el vehículo completo se depositaba en la superficie para que a continuación el astronauta bajase y lo liberase totalmente del mecanismo de despliegue. Una vez cargado el resto del equipo (incluido el primordial de televisión) el Rover estaba listo para su utilización.

 

El chasis principal era armazón de tres partes formado por más de 2000 piezas de aluminio soldadas. Las ruedas delanteras, junto con la suspensión y los mecanismos de dirección, iban montadas en la porción delantera , en la que se hallaban alojadas las baterías y otras unidades. La porción central de 152 x 168 cm de ancho contenía los asientos de los astronautas y la consola de controles, mientras que la sección trasera del chasis alojaba las ruedas traseras y la suspensión, más la caja de carga para el distinto instrumental de experimentos a descargar en la superficie de la Luna. Los ALSEPS, o Paquetes Experimentales Superficiales del Apolo Lunar, fueron un éxito y la mayoría de los instrumentos siguieron transmitiendo información mucho después de concluir las misiones, e incluso fueron desconectados expresamente. En conjunto, el Rover era notablemente compacto y los diseñadores realizaron un magnífico trabajo.


  

RECORD DE VELOCIDAD EN LA LUNA

 

La conducción del Rover era muy distinta a la de un coche corriente. No tenía volante: únicamente una palanca de mando, a la que a veces denominaban en broma el “mango”, muy parecida a la de un coche de hace ochenta años. Los dos astronautas iban sentados uno al lado del otro, con la palanca en medio. Una vez conectados los mandos, el conductor inclinaba la palanca hacia delante para iniciar el viaje; la posición hacia atrás de la palanca accionaba el freno y desplazándola a derecha o izquierda se accionaba la dirección. Las cuatro ruedas respondían direccionalmente para rodear obstáculos, muy numerosos en la Luna. Si las ruedas delanteras giraban hacia la derecha, las traseras podían hacerlo a la izquierda, para que el Rover girase sobre sí mismo. La velocidad máxima era de 14 km/h , si bien los astronautas Young y Duke del Apolo 16 establecieron un “Récord de Velocidad Lunar” alcanzando con el Rover 17 km/h al rodar cuesta abajo en su viaje de regreso al Módulo Lunar. En principio, se había calculado que las baterías durasen 92 km , pero una vez en la Luna el vehículo realmente gastó un 50% menos de energía de lo previsto. Los vehículos rodaron unos 32 km en cada una de las tres misiones.

 

 

 

 

Naturalmente, se había adoptado todas las precauciones posibles para grantizar la seguridad de los astronautas en aquel entorno hostil: el control de la presión y la temperatura eran factores esenciales. Existía también el problema de orientación. En la Luna no hay un campo magnético detectable y, por consiguiente, las brújulas no servían para nada como sucedería en Marte que también carece de campo magnético apreciable. Llevaban tres giroscopios, uno para distribuir la inclinación, uno para el balanceo y yno para el desvío. Disponían, además, de un ingenioso dispositivo “sombra del sol” que constaba de una placa abisagrada con orificio central. Situando la placa en posición horizontal con el Rover orientado hacia el ocaso, la sombra recogida en la escala interior les permitía determinar su rumbo respecto al Norte.

 

El Apolo 15, con los astronautas Scott e Irwin descendió en las laderas de los espectaculares Apeninos Lunares: llevaron a cabo tres EVA (actividades fuera del módulo) y recorrieron 27 km seguidos, acercándose al gran cráter denominado Hadley Rill.

 

El Apolo 16 fue la única misión en las tierras altas de la Luna , en la región de Descartes del hemisferio Sur; en ella el suelo era accidentado, y los astronautas Duke y Young tuvieron un viaje movido, sobre todo dado que Young conducía el vehículo lo más rápido posible, haciéndolo patinar expresamente para comprobar el agarre de las ruedas. Finalmente, llegó el turno del Apolo 17, al mando de Eugene Cernan, que era además geólogo y el Dr. Harrison Schmitt, especialmente entrenado como astronauta para la misión. También se realizaron más de siete horas cada una; se recogieron 110 kg de material lunar y el Rover rodó por la región de Taurus-Littrow, cerca del borde del Mar de la Serenidad con un total de 38 km.


 

CONDUCCION EN LA LUNA

 

Las descripciones de las misiones que dieron los astronautas son apasionantes. No hace mucho tuve ocasión de hablar con Eugene Cernan, que fue el último hombre que puso el pie en la Luna y me dijo: “No es fácil calcular las distancias en la Luna. La Luna es mucho más pequeña que la Tierra y su superficie se curva de un modo mucho más acentuado. Cuando se mira un objeto pensando que se encuentra a un kilómetro, puede estar a diez kilómetros. Se puede hacer un cálculo en las salidas fuera del módulo utilizándolo como referencia visial, pero hay veces en que te hallas detrás de rocas o de crestas y no ves el módulo”.

 

 

 

¿Y para moverse? “Cuando vas andando y quieres cambiar de dirección, tienes que pensártelo varios pasos antes de empezar a girar: cuando vas conduciendo el Rover Lunar y chocas con una piedra, un lado del vehículo se eleva y ha que tener en cuenta que, en la Luna , no hay atmósfera y cualquier pinchazo en el traje espacial sería fatal.

 

El polvo lunar es, según Cernan, probablemente el peor inconveniente. El polvo es como grafito, pero el grafito lubrica mientras que el polvo lunar hace que todo se peque. Penetra en los trajes espaciales y en todas las piezas móviles de los vehículos”. Cuando Cernan y Schmitt regresaron al módulo y se quitaron los trajes espaciales , para poder manipular las muestras que habían recogido, el finísimo polvo había penetrado en los poros de su piel y tardaron semanas en quitárselo. Esto demuestra la importancia vital de proteger el motor del Rover del penetrante polvillo.

 

De momento, no existen planes concretos para volver a la Luna : sin embargo, muy probable que se hagan otros viajes en un futuro próximo, y existe la posibilidad de establecer una base lunar perfectamente pertrechada.

 

Cuando se reanuden las expediciones, el transporte será de vital importancia; no obstante, no parece que vaya a haber necesidad de efectuar drásticas modificaciones en el diseño del Rover Lunar, porque se ha demostrado que es perfectamente idóneo. Mientras tanto, ¿quéu es de los tres Rover expedicionarios? Los tres siguen en la superficie lunar donde los dejaron los pioneros del Apolo. En la Luna no hay viento, ni agua, ni climatología y, por consiguiente, nada puede deteriorarlos, por lo que es de imaginar que continúan en perfecto estado. No cabe duda de que algún día otros astronautas llegarán, les montarán baterías nuevas y los utilizarán, o quizá los guarden en un garaje fijo en un museo lunar. Son vehículos que han ganado un puesto en la Historia y merece la pena recordar que esos tres notables “coches” nos esperan allí a 384.000 kilómetros .


 

APOLO (Por S. Atanasiu)

 

Es el nombre de un programa espacial americano, y de las astronaves que formaron parte de él, que el 20 de julio de 1969 consiguió llevar por primera vez al hombre a la Luna y que en el plazo de un trienio, desde 1969 a 1972, han posado sobre nuestro satélite natural 6 expediciones con un número total de 12 astronautas.

 

 

 

Después de la Apolo 11, que llevó el primer hombre a la luna, se realizaron otras 6 misiones lunares. De ellas sólo una, la "Apolo 13", no pudo completarse con el alunizaje en nuestro satélite. Las otras misiones profundizaron en la exploración de la superficie lunar, valiéndose también de un vehículo llamado jeep o rover lunar*.

 

Apolo 12 fue la sexta misión tripulada del programa Apolo de la NASA , y la segunda que alunizó en la Luna. Lanzada unos meses después del Apolo 11, el Apolo 12 alunizó en el Oceanus Procellarum, muy cerca de la sonda estadounidense Surveyor 3, posada en la Luna desde abril de 1967, y los astronautas trajeron algunas piezas de esta sonda de vuelta a la Tierra para su estudio, entre ellas la cámara fotográfica. 14 de noviembre de 1969

 

El Apolo 13 fue una misión espacial que tenía como misión alunizar en la región Fra Mauro, pero una explosión a bordo de la nave en su camino a la luna obligó a la tripulación a abortar la misión y orbitar alrededor de la Luna sin lograr su cometido de llevar al quinto y sexto seres humanos a la superficie lunar. 11 de abril de 1970.

 

Al Apolo 14 se le reasignó esa tarea con éxito.31 de enero de 1971

 

Apolo 15 26 de julio de 1971

 

Durante la permanencia en la superficie de la luna, aprovecharon 18 h y 35 min para realizar tres paseos lunares (EVA).

 

La primera salida (EVA-1) con una duración de 6 h y 32 minutos sirvió para explorar con el rover lunar el borde de la grieta de Hadley, instalando una estación científica, llamada ALSEP, y estudiar el suelo para registrar la temperatura, el flujo de calor y la conductibilidad térmica.

 

La segunda salida (EVA-2) supuso estudiar durante 7 h y 13 minutos el frente de la cordillera de los Apeninos y la recogida de 46 kilogramos de rocas variadas.

 

La tercera salida (EVA-3) de 4 h y 50 minutos sirvió para realizar experimentos con el ALSEP, explorando también la grieta Hadley.

 

Antes de abandonar la superficie lunar, recogieron nuevas muestras de rocas lunares hasta completar los 88 kg , además de desembalar instrumental geofísico que suponía dejar en la Luna 549 kg de material. El despegue se televisó por primera vez mediante una cámara instalada en el rover lunar

 

Apolo 16 16 de abril de 1972

 

El experimento sobre el estudio del flujo térmico, muy esperado y que debía medir la temperatura de la Luna , fracasó debido a la rotura de un cable vital, realizado de forma accidental por Young.

 

También se disparó 19 veces el mortero que servía para realizar pruebas sísmicas.

 

Apolo 17 7 de diciembre de 1972

 

El comandante Gene Cernan fue el último ser humano que pisó la superficie de la Luna en los Montes Taurus, junto a Ronald E. Evans y Harrison Schmitt que siguieron recogiendo muestras lunares.

 

 

 

*El Rover Lunar o Lunar Roving Vehicle (L.R.V.) era un auto todoterreno que utilizaron los astronautas de la NASA en las misiones Apollo 15, 16 y 17 durante sus recorridos por la superficie lunar. Cada una de sus ruedas estaba accionada por dos baterías propias, llegando a velocidad máxima de 14 km/h . Su chasis fue construido en aluminio. Los rovers tenían una autonomía de 180 kilómetros .


· Texto: Enciclopedia del Automóvil

· Fotos: NASA

 

 
 
   

 

 

Comentarios de los lectores: 11
 

 

11. Beuhh

No se, estoy dudando entre este y un R-6, aver si llevo bastante en el monedero

 

12. javier

Es muy curioso todo. Está claro que el hombre no puede vivir sin el automóvil.

 

 

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Comentarios desde pieldetoro

 

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