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Pegaso Z-102


 

 
     

 

Berlineta Saoutchik BS 2E 

 

 

 

El sonido que emite un Pegaso Z-102 al girar la llave de contacto y accionar la palanca de arranque es tan hermoso, que ni siquiera el motor de un Ferrari, un Jaguar o un Aston Martin, pueden igualarlo.

 

 "La carretera de El Escorial es el único camino que recorre mi Pegaso; no me gusta circular con él por la ciudad: la gente te para, te pregunta, los más atrevidos lo tocan y a algún nostálgico se le saltan las lágrimas al paso del coche", afirma con resignación su actual dueño, Sin Creus.

Cuando uno se adentra en el Z-102 y gira la llave de contacto, baja la palanca para cebar la bomba de gasolina y, accionando otro interruptor, se pone en marcha el motor de ocho cilindros en V, comienza a darse cuenta de que los hombres de la C.E.TA. -Centro Estudios Técnicos Automoción-, guiados por el ingeniero español, Wifredo Pelayo Ricart, crearon un coche por delante de su tiempo. Que no se incomoden los puristas, pero ni un Ferrari, un Aston Martin o un Jaguar, producen un sonido tan hermoso como el que emite un Pegaso a tras de sus cromados escapes.

 

Nunca un coche levantó tanta expectación en una muestra internacional como el Pegaso Z-102. Pocos automóviles despertaron a la vez pasiones entre críticos y entendidos.

 

CAR and DRIVER ha tenido la oportunidad de probar en exclusiva esta unidad tan particular de Pegaso. Se trata del modelo Z-102 BS 2E Berlineta Saoutchik 2 Especial. construido en 1954, fue expuesto como ejemplar único en el stand del carrocero, francés Saoutchik, -líneas cargadas y barrocas-, en el Salón del Automóvil de París, en octubre del mismo año de su fabricación.

 

El Z-102 BS 2E Berlineta Saoutchik 2 Especial fue presentado en el Salón Internacional del Automóvil de París en 1954, en el stand del carrocero francés. Las zonas de la carrocería que ahora están pintadas en gris metalizado se mostraron en color negro. El frontal llevaba un embellecedor en forma de cruz, que posteriormente fue sustituido por dos faros antiniebla marca Marsall.La "Z" era referencia alfabética del C.E.T.A (Centro Estudios Técnicos Automoción) dependiente de ENASA

 

Este Pegaso ha tenido tres propietarios, todos ellos españoles, y el de mayor relevancia social fue sin duda el primero, el Duque de Osuna. No lo pidió por encargo con esta articular mezcla estética, entre Touring y Saoutchil; pero la firma francesa quebró dejando la carrocería sin acabar. Tras muchas vueltas, la casa italiana Touring le diseñó la parte delantera y el resultado fue un Pegaso singular. Un año después de su montaje fue presentado, en París, al tradicional Concurso de Elegancia para Automóviles, recibiendo el primer premio.

 

Mientras Sin Creus recordaba las satisfacciones que le ha reportado su Pegaso, nosotros experimentábamos las sensaciones más envidiadas por cualquier amante del automóvil. Pilotamos el Z-1,02 por los alrededores del Monasterio de El Escorial -Octava Maravilla del Mundo, teniendo en cuenta que el Pegaso no concursó-, lugar donde, una vez al mes, Creus acude vestido con esmoquin, en honor al ingeniero Ricart, para tomar una taza de café.

 

Volante de madera sobre aro de aluminio, una información muy completa -temperatura del agua, gasolina, presión de aceite y velocímetro hasta 240 km/h- con letras bien grandes, por supuesto, en castellano y presididas por el caballo Pegaso, símbolo de potencia y ligereza en la mitología griega. Sobre el capó delantero nos volvemos a encontrar de nuevo al equino, siempre en posición 'salto de cabra’, pero esta vez, inscrito en una rueda y sobre una V. El caballo alado no pudo utilizarse por haber sido registrado con anterioridad por Mobil Oil.

 

El pomo de pasta blanca de la caja de cambios nos indica dónde está localizada la primera marcha -a la derecha y hacía atrás-. Y, al contrario de lo que pueda parecer, resulta difícil equivocarse con este cambio de cinco relaciones, que permite superar los 200 kilómetros/hora de velocidad máxima.

 

La sensación de conducir un Z-102 es única; como cabalgar un pura sangre. Acelera rápido, sólo tiene 40.000 kilómetros de vida, y es muy progresivo y suave de manejar. No hace falta que los nudillos de los dedos se pongan blancos. En condiciones normales es verdaderamente preciso. El morro del coche, muy largo, no se mueve ni hace extraños a alta velocidad. Su motor, con mucha potencia a bajo régimen, responde con gran agilidad y diligencia.

 

Creus se deja en el tintero muchas 'batallas' ganadas con esta montura y se justifica por ello: "Soy un caballero y hay cosas que sólo deben quedar entre mi Pegaso, yo, y alguna que otra actriz... Sin embargo, anécdotas me ocurren cada vez que salgo con el Pegaso a la calle. Recuerdo, sin ir más lejos, que hace unos días un americano me abordó en un semáforo y con el dedo me escribió en el parabrisas cuánto me pagaba por mi coche. Me dio tanta vergüenza, que tuve que bajarme para borrarlo".

 

"Pero lo más emocionante que recuerdo fue cuando don Juan de Borbón se me acercó a la salida de una fiesta para contemplar mi Pegaso y, sin más protocolo, me dijo que era un hombre con suerte al poseer el mejor deportivo del mundo y, además, por el orgullo de haberlo creado un español."

 
     
 

 

 

 

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