Trastus
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- 18 Feb 2025
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Hola de nuevo. Quisiera que mi primera aportación a estos foros sirviera para seguir "rompiendo lanzas" en favor aquellas marcas que en su día fueron más o menos famosas, más o menos buenas y más o menos interesantes. Como estoy en el foro Chrysler romperé esa lanza para esta marca, hoy reducida a casi nada en USA (creo que ya solo vende el 200 y la "Pacífica", los cuales no son nada del otro jueves) y que en tiempos fue puntera en su sede de Detroit, y de la que todavía nos queda el magnífico edificio Chrysler (puro art decó) entre la 42 y Lexington Avenue en Nueva York, fácilmente identificable, pues su aguja de 61 m de altura remeda el tapón del radiador de los Chrysler de los años treinta (en las fachadas también hay partes que recuerdan tapacubos, adornos de las carrocerías y defensas).
En 2002 necesitaba cambiar mi coche (un Austin Montego que compré como "provisional" al fallecer repentinamente mi Citroën CX, y de los que hablaré otro día) y me gustaba el "pequeño" Neon (una amiga de RNE1 tenía uno y me gustó), así que nos encaminamos al concesionario oficial donde pudimos ver las versiones de este turismo de cara tan simpática.
Lo que pasó aquel día fue una sorpresa. Mientras veíamos los Neon, bajaron de un tráiler varios Sebring, ya matriculados. Pregunté y me dijeron que eran vehículos de empresa que habían sido utilizados por los directivos en Madrid y que 4 de ellos habían "tocado" en este concesionario. Dos plateados, uno granate y otro azul oscuro. Mientras los situaban en el concesionario, fuimos a ver el hermano "nuevo" allí expuesto. La estilizada línea del coche me impresionó (recordemos que, salvo un paréntesis de 2 años con el Montego, yo venía de disfrutar, durante muchos años, un emblemático CX Réflex de gasolina, puro estilo, comodidad y seguridad) pues era una auténtica "zapatilla voladora" de tamaño considerable (sobre todo su perfil lateral y tan pegado al suelo). Por dentro no estaba mal (a mi mujer le gustó que los dos parasoles llevasen espejo y luz, una tontería que casi ningún otro, ni los premium, llevaban en aquella época) siendo muy cómodo (los asientos eran laaaargos, no dejando media pierna fuera como ocurre con VW, Seat, Audi…, envolvían razonablemente bien y el del conductor tenía reglaje eléctrico; no olvidemos que estamos en 2002). El motor, un 2 litros de 16 válvulas y doble árbol) con una caja automática de calidad, discos en las 4 ruedas, suave de amortiguación, cuero y símil madera por todos lados y bastante bien terminado, con buena seguridad pasiva y una amplitud interior que (casi) ningún otro auto del segmento podía ofrecer. Su precio nuevo, resultaba algo elevado (el automático pasaba de los 24.000€ de la época) y por poner algunas pegas, el volante solo era regulable en altura, las luces eran halógenas, el maletero no muy grande (467 litros, aunque con rueda de repuesto tamaño normal, algo que hoy no llevan más que los camiones) y que solo contaba con aire acondicionado (no climatizador).
El alegre Neon había quedado eclipsado ante los casi 4,90 de este impresionante turismo, casi deportivo. Así que preguntamos las características del azul que llegaba como flota desde Madrid, y resultó ser un 2.0 LE con Autostick (permite usar la caja automática como si fuera manual moviendo la palanca a los lados), más control de crucero, 4 elevalunas, radio CD con no-se-cuantos-altavoces...,15.000 km en su odómetro, un año de garantía total y entrega tras una exhaustiva revisión. Y todo eso por "solo" 14.500€, es decir, un 40% menos que su hermano nuevo.
Ni que decir tiene que firmamos ya mismo la compra de aquel BJG (letras de la matrícula) que al día siguiente nos entregaron, con toda su documentación y libro de mantenimiento al día. Me llamó la atención ver estampado en las ventanillas el sello de “Daimler-Chrysler”, por lo que, posiblemente, algunos componentes fueran de mayor calidad que en otros modelos.
Han pasado 23 años (aunque el coche tiene 24) y no se ha roto nada (excepto a los 7 años que hubo que reparar el aire acondicionado y el año pasado cambiar unos taponcillos de poco más de 20€ en el circuito refrigerante). Ruedas cada 50.000 km (sus Good Year originales), 2 baterías (cada 10 años y, por cierto, ¡vaya un sitio para ponerla!), una correa de distribución (a los 100.000), 4 amortiguadores y dos faros nuevos e impecables (de un particular) cuando cumplió 150.000 km, pastillas de freno, aceites, alguna recarga del aire acondicionado y poco más...
Va camino de los 210.000 km después de haber hecho, sin problemas, casi 3.000 km por el Algarve.
Nunca ha gastado aceite ni tirado gotas bajo el cárter. La caja de cambios va perfectamente. Solo ha dejado de funcionar el programador de velocidad (va cuando quiere) y el elevalunas trasero izquierdo. Hasta sigue llevando el tubo de escape original, los asientos como nuevos y ni un picado en la chapa (duerme en garaje).
Cierto es que solo lo usamos para viajes largos (menos de 10.000 km al año, aunque le hagamos 1.000 o más de un tirón; para ciudad, tenemos una "chispa" de Peugeot) y normalmente con 2 pasajeros y abundante equipaje, y lo más llamativo: con unas medias de 7,7 a 8 litros de 95 (en autopista/carretera y a velocidades legales, claro), lo que no está nada mal para sus 1.500 kg (en vacío) y su cambio automático. Las ITV las pasa, cada año, a la primera.
¿Por qué no he comprado coche nuevo? Muy sencillo. Primero, porque éste funciona perfectamente. Segundo porque es cómodo y seguro. Tercero porque un coche nuevo equivalente ya se va por encima de los 40.000€ que no es ninguna broma. Cuarto porque mi mujer lo lleva muy a gusto (aunque prefiere el Peugeot de poco más de 3,5 m). Quinto, porque para 7 u 8.000 km al año no merece la pena (sale más barato alquilar uno, que siempre estará nuevo) y, sexto, porque sigue siendo muy atractivo.
Cuando mi mecánico de confianza (cuando pasó los 100.000 dejé de llevarlo al servicio oficial, carísimo, como todos) me diga que hay que gastar dinero en él (por ejemplo, más de 600€) me lo pensaré y posiblemente lo mandemos al desguace, porque todos sabemos que por un coche americano, tan grande, automático, con tantos años y kilómetros, que ya no se fabrica y con tan mala fama, no dan ni lo que vale la gasolina que lleve en el depósito, vamos, con suerte unos 500€. Pero mientras dure, aquí sigue (por cierto, este verano, como todos los años, le haremos otros 4.000 km en 2 semanas, preferiblemente por Europa, donde ya ha cruzado muchas fronteras).
Lleva su pegatina amarilla “B”, con lo que su futuro empieza a estar limitado (según la sonda de la ITV, el catalizador funciona como un reloj: ni una emisión nociva no permitida) si bien todavía podemos llegar al aeropuerto de Barajas sin entrar a la “almendra” de Madrid, donde creo que ya lo tenemos prohibido.
La gran duda que me corroe es que, no teniendo indicadores de que la correa de distribución esté mal (ruidos, vibraciones…), estoy optando por no cambiarla (debía haberlo hecho a los 200.000 km) y a ver lo que dura, pues si no estoy equivocado, el cambio (incluyendo todos los rodamientos y la bomba de agua, algo igualmente aconsejable por pura precaución) me han dicho que se puede acercar a los 1.000 euros. Y, francamente, no se si merece la pena.
Sin ánimo de polémicas, este es mi testimonio real y mi "lanza rota" en favor de Chrysler y de un modelo que se vendió poco y que nadie quiere, pero que a mi me ha resultado magnífico y que me gustaría mantener algún año más.
Saludos a todxs.
En 2002 necesitaba cambiar mi coche (un Austin Montego que compré como "provisional" al fallecer repentinamente mi Citroën CX, y de los que hablaré otro día) y me gustaba el "pequeño" Neon (una amiga de RNE1 tenía uno y me gustó), así que nos encaminamos al concesionario oficial donde pudimos ver las versiones de este turismo de cara tan simpática.
Lo que pasó aquel día fue una sorpresa. Mientras veíamos los Neon, bajaron de un tráiler varios Sebring, ya matriculados. Pregunté y me dijeron que eran vehículos de empresa que habían sido utilizados por los directivos en Madrid y que 4 de ellos habían "tocado" en este concesionario. Dos plateados, uno granate y otro azul oscuro. Mientras los situaban en el concesionario, fuimos a ver el hermano "nuevo" allí expuesto. La estilizada línea del coche me impresionó (recordemos que, salvo un paréntesis de 2 años con el Montego, yo venía de disfrutar, durante muchos años, un emblemático CX Réflex de gasolina, puro estilo, comodidad y seguridad) pues era una auténtica "zapatilla voladora" de tamaño considerable (sobre todo su perfil lateral y tan pegado al suelo). Por dentro no estaba mal (a mi mujer le gustó que los dos parasoles llevasen espejo y luz, una tontería que casi ningún otro, ni los premium, llevaban en aquella época) siendo muy cómodo (los asientos eran laaaargos, no dejando media pierna fuera como ocurre con VW, Seat, Audi…, envolvían razonablemente bien y el del conductor tenía reglaje eléctrico; no olvidemos que estamos en 2002). El motor, un 2 litros de 16 válvulas y doble árbol) con una caja automática de calidad, discos en las 4 ruedas, suave de amortiguación, cuero y símil madera por todos lados y bastante bien terminado, con buena seguridad pasiva y una amplitud interior que (casi) ningún otro auto del segmento podía ofrecer. Su precio nuevo, resultaba algo elevado (el automático pasaba de los 24.000€ de la época) y por poner algunas pegas, el volante solo era regulable en altura, las luces eran halógenas, el maletero no muy grande (467 litros, aunque con rueda de repuesto tamaño normal, algo que hoy no llevan más que los camiones) y que solo contaba con aire acondicionado (no climatizador).
El alegre Neon había quedado eclipsado ante los casi 4,90 de este impresionante turismo, casi deportivo. Así que preguntamos las características del azul que llegaba como flota desde Madrid, y resultó ser un 2.0 LE con Autostick (permite usar la caja automática como si fuera manual moviendo la palanca a los lados), más control de crucero, 4 elevalunas, radio CD con no-se-cuantos-altavoces...,15.000 km en su odómetro, un año de garantía total y entrega tras una exhaustiva revisión. Y todo eso por "solo" 14.500€, es decir, un 40% menos que su hermano nuevo.
Ni que decir tiene que firmamos ya mismo la compra de aquel BJG (letras de la matrícula) que al día siguiente nos entregaron, con toda su documentación y libro de mantenimiento al día. Me llamó la atención ver estampado en las ventanillas el sello de “Daimler-Chrysler”, por lo que, posiblemente, algunos componentes fueran de mayor calidad que en otros modelos.
Han pasado 23 años (aunque el coche tiene 24) y no se ha roto nada (excepto a los 7 años que hubo que reparar el aire acondicionado y el año pasado cambiar unos taponcillos de poco más de 20€ en el circuito refrigerante). Ruedas cada 50.000 km (sus Good Year originales), 2 baterías (cada 10 años y, por cierto, ¡vaya un sitio para ponerla!), una correa de distribución (a los 100.000), 4 amortiguadores y dos faros nuevos e impecables (de un particular) cuando cumplió 150.000 km, pastillas de freno, aceites, alguna recarga del aire acondicionado y poco más...
Va camino de los 210.000 km después de haber hecho, sin problemas, casi 3.000 km por el Algarve.
Nunca ha gastado aceite ni tirado gotas bajo el cárter. La caja de cambios va perfectamente. Solo ha dejado de funcionar el programador de velocidad (va cuando quiere) y el elevalunas trasero izquierdo. Hasta sigue llevando el tubo de escape original, los asientos como nuevos y ni un picado en la chapa (duerme en garaje).
Cierto es que solo lo usamos para viajes largos (menos de 10.000 km al año, aunque le hagamos 1.000 o más de un tirón; para ciudad, tenemos una "chispa" de Peugeot) y normalmente con 2 pasajeros y abundante equipaje, y lo más llamativo: con unas medias de 7,7 a 8 litros de 95 (en autopista/carretera y a velocidades legales, claro), lo que no está nada mal para sus 1.500 kg (en vacío) y su cambio automático. Las ITV las pasa, cada año, a la primera.
¿Por qué no he comprado coche nuevo? Muy sencillo. Primero, porque éste funciona perfectamente. Segundo porque es cómodo y seguro. Tercero porque un coche nuevo equivalente ya se va por encima de los 40.000€ que no es ninguna broma. Cuarto porque mi mujer lo lleva muy a gusto (aunque prefiere el Peugeot de poco más de 3,5 m). Quinto, porque para 7 u 8.000 km al año no merece la pena (sale más barato alquilar uno, que siempre estará nuevo) y, sexto, porque sigue siendo muy atractivo.
Cuando mi mecánico de confianza (cuando pasó los 100.000 dejé de llevarlo al servicio oficial, carísimo, como todos) me diga que hay que gastar dinero en él (por ejemplo, más de 600€) me lo pensaré y posiblemente lo mandemos al desguace, porque todos sabemos que por un coche americano, tan grande, automático, con tantos años y kilómetros, que ya no se fabrica y con tan mala fama, no dan ni lo que vale la gasolina que lleve en el depósito, vamos, con suerte unos 500€. Pero mientras dure, aquí sigue (por cierto, este verano, como todos los años, le haremos otros 4.000 km en 2 semanas, preferiblemente por Europa, donde ya ha cruzado muchas fronteras).
Lleva su pegatina amarilla “B”, con lo que su futuro empieza a estar limitado (según la sonda de la ITV, el catalizador funciona como un reloj: ni una emisión nociva no permitida) si bien todavía podemos llegar al aeropuerto de Barajas sin entrar a la “almendra” de Madrid, donde creo que ya lo tenemos prohibido.
La gran duda que me corroe es que, no teniendo indicadores de que la correa de distribución esté mal (ruidos, vibraciones…), estoy optando por no cambiarla (debía haberlo hecho a los 200.000 km) y a ver lo que dura, pues si no estoy equivocado, el cambio (incluyendo todos los rodamientos y la bomba de agua, algo igualmente aconsejable por pura precaución) me han dicho que se puede acercar a los 1.000 euros. Y, francamente, no se si merece la pena.
Sin ánimo de polémicas, este es mi testimonio real y mi "lanza rota" en favor de Chrysler y de un modelo que se vendió poco y que nadie quiere, pero que a mi me ha resultado magnífico y que me gustaría mantener algún año más.
Saludos a todxs.